Yoga y trauma

yogasensitiveComo parte de mi formación en el mundo de la psicoterapia corporal, he ido poco a poco interesándome por el tema del trauma, un mundo fascinante sobre el que cada vez se sabe más pero sobre el que todavía se conoce muy poco… Quien no sepa mucho sobre el trauma quizá se preguntará qué tendrá que ver una cosa con la otra (el cuerpo con el trauma). La respuesta es sencilla: todo.

Cuando escuchamos la palabra “trauma” tendemos a imaginarnos acontecimientos profundamente impactantes y sobrecogedores en nuestra vida. Y sí, efectivamente es así. Pero no sólo. Algunas prácticas terapéuticas relativamente recientes, como Somatic Experiencing, que aborda el trauma con muchísimo cuidado y delicadeza, revelan que todos acumulamos una gran cantidad de eventos traumáticos y no procesados, aunque aparentemente pueda tratarse de episodios de nuestra vida que desde nuestra parte racional podamos ver como anecdóticos o superados.

De hecho, en el mundo terapéutico se suele diferenciar entre el “trauma factual” (asociado a sucesos específicos de nuestra vida, como podría ser por ejemplo sufrir un accidente, o un abuso) y el “trauma de desarrollo”, que hace referencia a episodios sufridos en épocas muy tempranas de nuestra vida, en la etapa preverbal (es decir, en nuestra vida como bebé, de la que ni siquiera tenemos recuerdos conscientes ni podemos describir con palabras, aunque corporalmente las memorias sí han quedado guardadas).

El trauma de desarrollo se puede producir, por ejemplo, si la madre no es físicamente cuidadosa con el bebé (grita, o mueve al niño de forma brusca, haciéndole sentir inseguro), o si el niño no es atendido cuando lo necesita (por ejemplo, dejándole llorar durante horas para que “aprenda” a dormirse solo). También puede haber acontecimientos externos que están afectando directamente a la madre y eso tiene un efecto emocional profundo en el bebé. Este tipo de traumas preverbales van a condicionar todo el desarrollo y la manera de estar en el mundo como niño y adulto, y aunque hay grados y las manifestaciones son diversas, la tendencia a las adicciones puede ser un marcador de traumas no resueltos (me parece muy interesante esta charla en TEDx del psiquiatra Gabor Mate, especializado en adicciones, donde habla de su propia experiencia en este sentido).

Mi práctica como profesora de yoga me ha hecho indagar y reflexionar el tema, ya que siento que el yoga físico puede contribuir a sanar y reparar aquello que quedó de alguna manera “roto” o desconectado como consecuencia del evento traumático. Cuando se ha sufrido un trauma se queda grabada en el organismo una desconfianza inconsciente hacia uno mismo, es decir, hacia el propio cuerpo, que sentimos que no supo “defendernos” y que después puede continuar “traicionándonos” reaccionando atemorizado ante situaciones inocuas. El cuerpo, en cierta forma, se convierte en una amenaza y la persona buscará adormecerlo y sentirlo lo menos posible para amortiguar las respuestas emocionales.

Buscando buscando, descubrí que en EEUU, efectivamente, existen centros especializados en abordar el trauma donde se incluyen clases de yoga, y que eminencias en el trabajo con el trauma como el psiquiatra Bessel Van Der Kolk recomiendan su práctica.

En España, y en la mayoría de países, no hay tanta investigación ni recursos para explorar el trauma. Las clases de yoga pueden ser de gran ayuda pero no todas… Éste es un tema al que merece la pena dedicarle mucho más que un post… De momento, para una persona que esté buscando resolver y sanar sus traumas le recomendaría que evite clases con un exceso de énfasis en la consecución de “logros” físicos (el yoga debería ser lo contrario de “lograr”, pero la realidad es que la mayoría de oferta que se encuentra actualmente no es así, y la tendencia va a más). También es importante la manera de dar indicaciones de los profesores: hay algún estilo de yoga en el que se lleva a gala el “tono marcial”, y para una persona que está buscando sanar su trauma habrá pocas cosas menos contraproducentes que recibir voces u órdenes.

Yo recomendaría a la persona que “escoja” al profesor y pida tener una entrevista personal con él/ella, para explicarle su caso y ver cuánto conocimiento sobre el tema tiene (o, si no, por lo menos disposición y sensibilidad). La entrevista puede servir para manifestar al profesor las propias necesidades (por ejemplo, si no quieres que te toque durante la clase, o si prefieres situarte en algún lugar específico, cerca de la salida o de la luz). También puede ayudar conocer con antelación el espacio donde se imparten las clases, o incluso comenzar asistiendo a algunas sesiones individuales si el profesor nos ha gustado en la entrevista personal pero sentimos vergüenza o presión ante la idea de estar con más gente.

Si aun así ir a clases suena como un gran paso para el que todavía no se está preparado, quizás lo mejor sea seguir clases online en casa durante una temporada, y dejar para más adelante, cuando nos sintamos más confiados, lo de practicar con otras personas.

About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI) y Análisis Bioenergético. Me apasiona todo lo relacionado con el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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