¿Meditar para tolerar a la frustración?

Voy dándome cuenta de que la manera en la que describo la meditación a las personas que se acercan a ella por primera vez va cambiando. Suelo buscar palabras lo menos espirituales y lo menos esotéricas posible, es decir, lo menos susceptibles (creo yo) a darse de frente con la barrera de juicios y prejuicios que todos cargamos encima. Hace unos años solía explicar a los nuevos alumnos que la meditación es un “entrenamiento mental”, y que igual que la gente va a un gimnasio y entrena su cuerpo regularmente, y entiende que esto es lo saludable, también es necesario entrenar la mente, que ocupa cada plano de nuestra existencia y modula nuestra manera de experimentarla.Mark_Epstein_before_the_Buddha-Bar_Restaurant_Prague

Hace poco me di cuenta de que había dejado de hablar de entrenamientos mentales y de que hacía tiempo que hablaba de que la meditación es una práctica de “tolerancia a la frustración”. No fue un cambio consciente, simplemente vino dado por las caras de desesperación que suelen aparecer en las primeras “sentadas”: todo duele, todo molesta y la mente parece estar más agitada y parlanchina que nunca. Era mi manera de intentar decirles “sé por lo que has estado pasando”. Las primeras veces, que quizás duran meses, o años, meditar puede ser, sencillamente, una tortura: es sentarse a dejarse torturar, y es difícil ver en ese momento que eso pueda ser el principio de algo hermoso, terapéutico, calmante, placentero.

Pero estoy leyendo en estos momentos el libro “El trauma de la vida cotidiana”, de Mark Epstein, cuya lectura me recomendó el dr. Miguel Fraile (autor, entre otros, del libro “Más allá del Yo”, del que ya he hablado en alguna ocasión), y veo que mi “resumen” de qué es meditar podría empezar a cambiar de un momento a otro… Epstein es psiquiatra y budista practicante desde hace décadas, y defiende el potencial transformador del trauma, fundamento mismo de la existencia. En su libro entremezcla el relato de la vida de Buda con un ensayo en clave psicológica (Winnicott y su teoría del apego son una presencia continua) acerca de qué pudo conducir a Buda a hacer los descubrimientos que hizo sobre la naturaleza de nuestra existencia, todo ello aderezado con anécdotas de la propia vida de Epstein. No es un libro para todo el mundo, obviamente: nos tiene que interesar un mínimo la figura de Buda o el Budismo, o la meditación, o la psicología, o la teoría del trauma… A mí me interesan todos esos temas y al principio me costó entrar en el libro y en la manera de Epstein de entrecruzar ideas; hasta que, de repente, por algún motivo, cierta cualidad amorosa del relato de Epstein, y su delicadeza para comprender, para explicarnos, comenzó a invadirme.

A través de ese relato Epstein me ha hecho redescubrir, con otras palabras, la faceta integradora de la meditación. Contando su experiencia en un retiro en el que pretendía practicar al máximo y se encontró presa de tumultuosos sueños me ha hecho recordar a mí uno de mis “peores” retiros, hace años, en el que medité muy poco o nada, presa de mis obsesiones y, sin embargo, pude integrar como parte de mí misma aspectos que negaba y de los que me avergonzaba, como mi deseo de reconocimiento, o mi envidia. Disociamos como un mecanismo de defensa. Pero cuando dejamos de escindirnos de lo desagradable se produce un alivio, y esa energía bloqueada en reprimir vuelve a formar parte de nuestro caudal vital, nos permite vivir más plenamente.

Posiblemente no sea lo que más seduzca de primeras a un novato que se acerca a la meditación, aunque puede ser de lo mejor que puede llegar a ocurrirle.

Termino con una frase del libro, relacionada justamente con esta idea:

“Acallar un tipo de sentimiento inevitablemente los acalla todos. Al protegernos de las consecuencias insoportables del trauma nos cerramos también al amor, al gozo y la empatía. Nuestra humanidad reside en nuestros sentimientos y la reclamamos cuando dirigimos nuestra curiosidad a eso que preferiríamos evitar”.

 

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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