Comprometerse 

En estos últimos años, y especialmente desde que comencé a dar clases en (momento publicitario 😉 ) en Dalmaiyoga, he Comprometerse / daltitcoaching.comido observando el problema que genera a muchas personas el compromiso, palabra que con sólo mencionarla provoca sudores fríos y reacciones parecidas a las de un vampiro al toparse con una ristra de ajos.
Antes, lo sé, no me daba cuenta de esto porque la primera que salía pitando era yo… Ahora, que soy algo más consciente, voy viendo el respingo asociado a esta especie de palabra maleficio, que se hizo especialmente patente con motivo del Círculo de Mujeres que comenzamos a organizar en la sala hace unos meses.
Los círculos de mujeres buscan crear espacios de seguridad y confianza, donde trascender las conversaciones de “barra de bar” y ayudarnos a adentrarnos en nuestra verdad y aprender a expresarla y compartirla (hay círculos masculinos, pero no están alcanzando el mismo éxito). No es fácil eso de conectar con nuestras verdades si no salimos bien parados, y menos lanzarnos a compartirlas. Así que al poner el círculo en marcha una de las condiciones mencionadas para facilitar el proceso era el “comprometerse” a asistir. Y lo que fui viendo es que ésa era la condición que hacía que mujeres que escribían a preguntarme por la propuesta terminasen descartándola.
Es curioso cómo al oír la palabra compromiso tendemos con frecuencia a asociarla con una carga. Si las palabras tuvieran un peso, o estuviesen hechas de un material, “compromiso” para muchos pesaría kilos de plomo. Compromiso suena (o a mí me ha sonado), a compresión, atadura, estrés, temor a fallar… Compromiso suena a que ya llevamos en nuestra cotidianidad demasiados lastres, y demasiadas responsabilidades, como para añadir al saco otra tarea más. Que conste que eso no quiere decir que sólo los que no se comprometen tienen un problema con la palabra… También es importante plantearse, si soy de los que sí se compromete, desde dónde lo hago. Es distinto un “quiero” que un “tengo que”, una apuesta interior que un quedar bien con el otro para sentirme querido.
Para mí el compromiso no es plomo, pero sí solidez, solidez de tierra firme… De lo que me he ido dando cuenta también, con el tiempo, es de que eso de “comprometerse” no era con el otro, sino conmigo; ésa era la pesada carga. Nos pensamos que comprometernos con algo o alguien nos roba libertad. Pero, si cada vez que entre la multitud de opciones, planes o personas posibles me quedo con aquello con lo que me comprometí, voy dejando en mí un poso de solidez, de aquí estoy, de “digo algo y lo cumplo”, de mi palabra vale… De “yo puedo”. Es como una semillita, y cada vez que cumplo la estoy regando y creciendo internamente un poco más. La libertad, al final, no la perdemos por comprometernos, sino cuando nos frenamos y dejamos de hacer elecciones llevados por un temor.
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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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