La queja por sistema

En este mundo hay muchos bandos. Los del Real Madrid y los del Barça, los del reloj en la muñeca izquierda, y los del reloj en la derecha, los del whisky y los del gin tonic… (para más sobre polaridades, aquí)… facebook-dislikeTambién está el bando de los que se quejan y el bando de los que no (o no tanto). Suelen ser como el agua y el aceite, que no logran mezclarse, porque los que no se quejan salen huyendo despavoridos en cuanto oyen tres protestas seguidas, y los que sí, por su parte, se sienten profundamente incomprendidos cuando a través de un “comentario inocente”, con el que intentan expresar y empatizar, el de al lado sale corriendo, o quita hierro, o incluso da soluciones.

Tengo un alumno de yoga que se encuentra en el bando de los quejosos. Un día se queja porque mis clases le parecen demasiado suaves, y para él lo del yoga está muy bien, pero es que también quiere hacer ejercicio… Otro día me dice que les meto mucha caña… Hace poco, en una misma clase en la que trabajábamos la apertura de caderas (tengo comprobado que a algunos lo de abrir caderas les pone de especial mal humor), resopló y protestó por tanta insistencia con las caderas para, diez minutos más tarde, quejarse porque, según él, no trabajábamos caderas suficientemente en mis clases… El abanico de quejas y opiniones es amplio y se abre (al contrario que las caderas) en todas las direcciones.

Mi alumno es lo que, en tradiciones como el Budismo, se denominaría mi maestro… Porque es fácil ser paciente, tolerante y amable cuando en nuestro entorno reina la armonía, y todos se comportan de forma similar, pero no resulta tan sencillo responder amorosamente cuando alguien nos toca las cosquillas, como todos bien sabemos… Es ahí donde aprendemos. Aquel día de la famosa clase de caderas y de las quejas multidireccionales terminé la clase mosqueada (qué poco “yóguico”, y qué humano…). Cuando llegué a casa por la noche podía sentir que seguía molesta. En lugar de quedarme con la afirmación, o con mi propia queja por tener que “sufrir” a un alumno así (¡con la buena voluntad que yo pongo!), decidí quedarme con la pregunta.

Y la pregunta es, ¿para qué sirve la queja? Y no me refiero a quejarse de que el café está frío, y pedir que nos lo cambien, que es una queja dirigida a un objetivo claro. Me refiero a la queja por sistema. Muchas veces nos quejamos por hábito ante personas que no son responsables directas de lo que nos está ocurriendo, como cuando nos quejamos ante un compañero de trabajo… ¿Para qué? La queja nos ayuda a desahogarnos, y a soltar, como la espita de una olla a presión, parte de esa energía contenida de la que no sabemos cómo deshacernos. Eso podría hacer pensar que quejarnos, en cierta manera, es saludable… El problema es que expulsamos la queja y ya no hacemos nada por solucionar aquello que nos está incomodando. La causa del conflicto continúa y nosotros continuaremos quejándonos, quemándonos nosotros y quemando a los que nos rodean. En situaciones así, al menos a nivel inconsciente, creo que también se persigue el objetivo de crear un entorno intoxicado de quejas: quizás, a lo mejor, si hay suerte, los otros se animan a hacer algo y cambian la situación que a mí me molesta, ya que yo no sé, o no puedo, o no me atrevo. Un poco loco, ¿no? Y así funcionamos. En cualquier caso está claro que la persona que se queja no cuenta con habilidades suficientes para manejar los conflictos que se le presentan.

Pero también hay otras situaciones, como la de mi alumno que sí se queja ante su fuente de insatisfacción, o sea, yo, porque mi clase es muy suave, o muy dura, o tiene demasiados ejercicios de cadera, o insuficientes. ¿Implica eso un avance? ¿Qué hago yo con eso? ¿Me ajusto a lo que me pide y hago la clase más dura? ¿Y qué hago cuando me diga que es “demasiado” dura? ¿Y con las caderas, meto o no meto los ejercicios? ¿Y qué pasa con el resto de los alumnos, que no se quejan de nada? ¿No los tengo en cuenta a la hora de diseñar mis clases? ¿Cuál es el secreto para satisfacer a una persona así? Mientras tanto, no lo olvidemos, la energía de la queja se instala y empieza a incomodar y contagiar al resto.

En este caso de la persona que sí protesta ante su fuente de insatisfacción creo que se está produciendo un conflicto entre la realidad y la autoimagen. A todos nos gustaría ser brillantemente inteligentes a la par que guapos y esbeltos jóvenes fornidos de caderas flexibles… Pero no lo somos, y nos fastidia no serlo, y no lo aceptamos. Y es más fácil tirar balones fuera, soltando una queja, que quedarnos con la incomodidad dentro, sosteniéndola, respirándola, manejándola (y, seguramente, si lo hiciésemos, pasado el susto veríamos que no era para tanto, y que podemos con eso y con más).

De nuevo, el abrir la espita de la olla a presión hace que no avancemos. Y esto puede aplicarse a unas caderas que no se abren en una clase de yoga (de hecho, la falta de flexibilidad física suele ser indicativa de falta de flexibilidad mental). Aunque en realidad se aplica a cualquier cosa. Creo sinceramente que las clases de hatha yoga, el yoga físico (y aquí viene mi cuña publicitaria 😉 nos ayudan a entrenarnos en estas situaciones, nos hacen confrontar quiénes somos, y tomar conciencia de quiénes no somos… También ayudan, al hacer este descubrimiento (y si siempre que sigamos profundizando), a transformarnos, con lo cual el quién somos y quién no va evolucionando, sin darnos cuenta…

Así que bueno, mi consejo final: ¡ante las quejas, un poco de yoga! O trabajar, por otros medios, la asertividad, la aceptación y el “tocar tierra” para ser más realistas. La próxima vez que oiga una queja en una clase a un alumno, buscaré la manera para ayudarle a que respire su incomodidad, y respiraré también yo con él.

Advertisements

About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
This entry was posted in Coaching, Espiritualidad, Yoga and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink.

2 Responses to La queja por sistema

  1. alicia torrego says:

    Débora, eres una crack..me encanta como escribes!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s