El padre del piloto

accidente germanwings / daltitcoachingHacía tiempo que no coincidía en un ascensor con un desconocido y éste me hacía un comentario repentino sobre alguna noticia trágica, como incapaz de contener su estado de shock y necesitado de compartir, aunque sea con un extraño, su estupor ante la idea de que ciertas cosas puedan, de hecho, ocurrir. Me pasó hace unos días tras conocerse que el avión de Germanwings siniestrado en mitad de los Alpes el pasado martes 24 había sido estrellado por su propio copiloto, Andreas Lubitz, un joven con tendencias suicidas y considerable capacidad, por lo que parece, para disimular su estado psicológico entre sus conocidos.

El suceso me ha pillado mientras estoy leyendo el libro “El cuerpo nunca miente”, de la psicóloga Alice Miller, una autora conocida por haber dedicado la mayor parte de su obra a la defensa de la infancia y por haber cuestionado postulados básicos del psicoanálisis de Freud. “El cuerpo nunca miente” se concentra en el cuarto mandamiento (para los que no se sepan el orden, “honrarás a tu padre y a tu madre”), y arguye cómo este mandato se convierte en una losa para los hijos víctimas de maltrato (de diverso grado) a manos de sus padres, y cómo los hijos suelen pagar su lealtad con su salud e incluso su vida. Miller recurre a las vidas de escritores de gran talento, infancias difíciles y muerte temprana (Kafka, Dostoievski, Virgina Woolf, Proust, Beaudelaire, Joyce…), incapaces todos ellos de romper con su familia, aun siendo estas relaciones una fuente de dolor. A Miller también le llama la atención que durante mucho tiempo se pasase de puntillas por las infancias de dictadores o asesinos y por la crueldad sufrida a manos de sus padres: “Todos los dictadores niegan el sufrimiento que han padecido en su infancia y tratan de olvidarlo ayudándose de su megalomanía”, dice en el libro.

En esta lectura andaba cuando di con una noticia publicada en la web de “El País”, y que lleva el título de El padre de Andreas Lubitz, un hombre “completamente abatido”. Se trata de una noticia bastante mala, periodísticamente hablando, ya que el cuerpo de la noticia no desarrolla ni profundiza lo que nos “promete” el titular, con lo que una vez leída nos quedamos igual que como estábamos. Y tampoco el resto de la información que incluye puede decirse que sea relevante. Pese a todo, la noticia ha estado durante varios días entre las más leídas de la sección de Internacional de “El País”.

Según el perfil que nos han ofrecido de Andreas Lubitz, el copiloto sufría depresiones profundas desde hacía años, había recibido medicación y su única ilusión era volar. Es decir, ver la vida desde arriba, no estar abajo, en la tierra, participando y conviviendo con el resto de los mortales.

Sin embargo, cuando acudimos a leer la noticia sobre el abatimiento del padre de Lubitz, ¿detrás de cuántos de nosotros está la simpatía o conmiseración hacia el padre, la idea de “pobre hombre”, “qué desgracia” o incluso “qué vergüenza” o “qué deshonra”, y en cuántos la pregunta “¿qué infancia, qué tipo de amor y qué confianza le diste a tu hijo, para que haya sido capaz de hacer algo así?”? Miller, si siguiera viva, probablemente estaría pensando en algo más parecido a lo segundo.

Desconozco, igual que todos, los detalles de esta historia, y el motivo que llevó a Lubitz a concluir que la única solución era estrellar ese avión. La idea me entristece y conmociona tanto como a mi compañero de ascensor. Pero agradezco de lucidez de todos aquellos autores y pensadores que, como Miller, son capaces de ver los ladrillos en los que se cimienta nuestras identidades, ladrillos que nosotros no vemos. ¿Estoy obligado a amar y a honrar a mis padres? ¿Todos los padres, por el mero hecho de serlo, y aunque quizá ni siquiera deseaban serlo, merecen ser honrados? Miller dice que no.

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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