Punto de encuentro

Punto de encuentro / daltitcoachingEste mes hemos abierto, un amigo y yo, un centro de yoga (para los que vivan en Madrid, éste es el link 🙂 Es un proyecto que arrancamos con mucha ilusión, y que también se está llevando la mayor parte de mis energías, lo que ahora mismo me deja poco espacio para lecturas, reflexiones o entradas en el blog.

Sin embargo, he conservado uno de los grupos de yoga que tenía antes. Y llegó el día, hace un par de semanas, en que tuve que ir desde el centro hasta la sala donde les doy clase. No sabía cuánto tardaría y salí con mucho margen, ya que tenía que viajar en metro (los de Madrid sabemos, desde la crisis, lo impredecibles que son los trayectos ahora, con largos tiempos de espera hasta que llega el tren). Y en esas estaba, esperando, mientras me daba cuenta de que, por el despiste con la novedad (y mi cabeza en mil cosas) me había olvidado el pequeño altavoz que uso para poner la música, el incienso que me gusta llevar… Cuando empezaron a llegar trenes que obligaban a los pasajeros a desalojar y se marchaban vacíos. Un tren. Diez minutos. Otro tren. Diez minutos. Gente nerviosa. ¿Qué ocurre? Avería de la señalización, anunciaron, espera estimada de otros diez minutos.

Salí corriendo a la calle en busca de un taxi; ya no iba nada bien de tiempo. Lo encontré rápido. Eso sí, me cobró un plus de nueva aplicación porque la parada había pasado a ser considerada estación de tren. “Martes y 13”, me dijo el taxista con una sonrisa. Cabreada e indignada, pagué y salí corriendo.

Así, a la carrera, llegué a la sala. Y ahí estaban las alumnas, entrando a su ritmo habitual, tranquilas, como quien va a clase de yoga… No como yo, alterada y supuestamente responsable de conducirlas a un estado, de serenidad y calma mental.

Y entonces se tumbaron en sus esterillas, en la postura de savasana, y comenzaron a respirar, esperando a que yo las guiara. Y lo que ocurrió es que en realidad me guiaron ellas. Verlas ahí, tumbadas, respirando, confiadas, me tranquilizó y me permitió entrar en la clase. El hecho de que esperaran algo de mí, que me asociaran con ese lugar de calma, con ese estado en el que yo no estaba, me condujo a mí también de forma natural y no forzada.

A menudo tenemos la idea (o yo la tenía) de los profesores como los que nos dirigen, nos instruyen y enseñan, y no nos damos cuenta de que el aprendizaje, la experiencia, es un espacio compartido, construido por todos.

Aquel pequeño gran momento con mis alumnas fue mágico, emocionante y muy revelador. Ahora entiendo que desde la confianza, desde su presencia, los alumnos son los verdaderos arquitectos del punto de encuentro.

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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