Liberar las fascias, liberar las tensiones

Después de un mal movimiento dando una clase de yoga (y que había conducido a toda una sucesión de molestias en distintas partes del cuerpo), y tras varios meses acudiendo, de manera intermitente, a diferentes fisioterapeutas para recuperarme, cuando ya andaba al borde de la desesperación mi fisioterapeuta y osteópata de cabecera me propuso probar con la liberación miofascial, una técnica que hasta entonces ni sabía que él utilizara. Por supuesto, la idea de probar algo nuevo me encantó. La gente que me conoce sabe que me gusta experimentar, y entre mis campos de exploración favoritos se incluye (como evidencia el blog…!) las relaciones entre nuestro cuerpo, mente y emociones.

La fascia es una especie de envoltura que mantiene unidos nuestros músculos, los huesos, los órganos…, y que sirve como escudo de protección y lubricación. Las fascias pueden denominarse de formas distintas, en función de la parte del cuerpo donde se encuentren, pero a través de ellas todo el cuerpo está interconectado. Si se produce un impacto traumático en una zona, la fascia se encarga de amortiguarlo repartiéndolo por el resto del cuerpo, como las ondas que dejan una piedra lanzada al agua. Cuando sufrimos algún tipo de tensión, la fascia se contrae y endurece.

Las tensiones que se retienen en la fascia no son sólo físicas. Como decía Wilhem Reich, el “abuelo” de la Bioenergética, todo síntoma físico tiene una repercusión emocional y mental… Y viceversa. Por ello, los endurecimientos en la fascia (que, cuando está sana, es flexible y maleable), son consecuencia tanto de lesiones físicas como reflejos de tensiones mentales y emocionales. Al liberar los los endurecimientos y bloqueos en la fascia, el cuerpo pasa a tener más energía.

¿Cómo está siendo mi experiencia con la técnica? Pues, efectivamente, liberar las fascias implica liberar emociones (es de esperar una buena llorera, sin motivo aparente, al menos en la primera sesión). La liberación miofascial es teóricamente suave (aunque no siempre; el rolfing, técnica pionera en el trabajo sobre la fascia, resulta bastante doloroso), y puede parecer al principio que no nos “están haciendo nada”. Sin embargo, al día siguiente de las primeras sesiones yo me sentía como apalaeada. También, a cambio, sentía una gran liberación mental, especialmente llamativa tras la primera sesión. Era algo equivalente al alivio que se siente cuando deja de sonar un ruido constante y molesto que sobrellevamos como podemos, como el de una aspiradora o la campana extractora de la cocina: de repente en mi mente había más silencio. La sensación de limpieza mental no ha sido tan marcada tras las siguientes sesiones, pero ha seguido repitiéndose, y siento claramente que, al día siguiente, medito mejor.

Es curioso porque, al preguntar a un par de fisioterapeutas por qué no usan más esta técnica el motivo que me dieron fue que: 1) es comparativamente lenta, y 2) hay pacientes a los que no les gusta.

Creo que lo de la lentitud es bastante relativo. Efectivamente, quizá no se note la mejoría del problema físico tras la primera o segunda sesiones, pero si tengo en cuenta los meses previos de visitas en los que sólo sentía que me hacían un apaño temporal hasta la sesión siguiente, estoy en desacuerdo. Creo que ese deseo del resultado visible e inmediato puede venir tanto por parte del paciente como del propio terapeuta (la falta de paciencia es un mal generalizado). Sin embargo para mí, que había efectos potentes, saltó a la vista desde el primer día.

En cuanto a que a los pacientes sientan rechazo ante esta técnica, entiendo que lo habitual es que no estemos cómodos sintiendo y manifestando nuestras emociones. Es por eso por lo que se quedan retenidas, y también por lo que hay que liberarlas.

Las zonas de nuestro cuerpo que mantenemos en tensión crónica se convierten en zonas sobre las que perdemos sensibilidad: dejamos de percibirlas y no somos conscientes de la tensión que existe hasta que ésta se agrava y se manifiesta el dolor. En nuestro mundo de estrés y tensiones emocionales crónicas, me pregunto si no sería buena idea que nos animáramos todos a probar técnicas de este tipo, aunque no haya una lesión aparente. Nos evitaría tener que llegar a las contracturas musculares y al punto de dolor antes de tomar medidas.

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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