¿Tu hijo se parece a tu ex? No te preocupes, no es el único

Efecto boomerangLlevo medio conmocionada (bueno, es un decir) con una noticia aparecida en The Guardian la semana pasada, y que apunta que el parecido físico que a veces se encuentra entre los hijos y el anterior ex de la madre podría tener una explicación científica (y no es ésa en la que estamos pensando). El motivo sería el material genético que podría quedarse acumulado en el interior de las madres.

Aquí está el artículo:

Your baby looks like your ex? This research is scarier than Alien

De momento el estudio se ha realizado con moscas de la fruta (suspiro de alivio), con las que compartimos el 44% de nuestro material genético (movimiento incómodo en la silla). Al parecer, las crías de las moscas tienen el tamaño del compañero sexual anterior, no del padre biológico, y el posible motivo es que moléculas de semen quedan impregnadas en óvulos inmaduros de la madre.

Lo que yo me pregunto es: ¿Cómo serían las cosas si se demostrara que algo así es cierto? Por un lado, quizá se extendería aún más el uso del condón, claro, lo cual sería beneficioso para todos a la hora de evitar enfermedades… Por otro, ¿pensaríamos más en con quién estamos y con quién no? ¿O manipularíamos situaciones, para obtener preciada información genética de ese varón tan alto-guapo-e-insufrible? ¿Qué harían los hombres, mientras tanto? ¿Nos obligarían a afirmar ante notario no haber mantenido sexo inseguro en un plazo determinado, garantizando así que las moléculas de semen ajenas se hubiesen disparatado? Suena todo un poco disparatado, pero si hace 20 años nos hubieran dicho las cosas que llegamos a hacer con un móvil tampoco nos lo habríamos querido.

Y en realidad, aunque suene todo un poco cómico o a ciencia ficción, a mí a lo que me lleva este tema es a la responsabilidad. A nuestra responsabilidad sobre nuestra propia vida, sobre nuestras propias acciones. En mi anterior post (aquí) mencionaba un fragmento en el que una monja zen habla de nuestra responsabilidad, a partir de cierta edad, sobre lo que refleja nuestro propio rostro. En última instancia, la noticia me trae a la mente el concepto oriental del karma, según el cual toda acción tiene un efecto y genera un movimiento energético que terminará volviendo de vuelta a aquel que generó la acción, en algún momento impredecible. Toda acción es simultáneamente, causa y efecto de otra acción.

¿En qué cambiaría nuestra vida si la viviésemos en todo momento pensando en este efecto boomerang? ¿Nos ayudaría a ser más responsables? ¿Qué más cosas cambiarían?

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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