Nuevas tradiciones

Recientemente, paseando con una amiga por el centro de Madrid, descubrimos en una callecilla, en un local que antes había sido una peluquería, un centro para aprender a meditar. El espacio era amplio, blanco, luminoso, decorado de forma sencilla, con plantas… Un lugar, al primer golpe de vista, apetecible y de estilo moderno. Al fondo contaba con una sala acristalada en la que un grupo estaba recibiendo una clase, según nos dijo la chica de la recepción, para introducirles en la meditación. La chica comentó que habían abierto el centro hacía unos meses, aunque ya contaban con otro en una localidad madrileña, y que estaban relacionados con una tradición budista tibetana. Ella estaba ahí como voluntaria.

Mientras le hablabla a mi amiga de los horarios y actividades, yo me acerqué a mirar los objetos que tenían a la venta, y ahí empecé a sentir que algo no me encajaba. Imágenes de un maestro tibetano concreto, libros de ese mismo maestro. Pensé en darme media vuelta y salir del sitio discretamente, sin más, pero según mi amiga me latió la vena periodística y no pude resistirme a preguntar y pedir más detalles sobre quiénes estaban detrás de ese centro, en una conversación que se volvió ligeramente tensa.

El centro en cuestión se adscribe a una “nueva tradición” del budismo Gelugpa (el de los sombreros amarillos, los del Dalai Lama) que, sin embargo, no reconoce al Dalai Lama como máxima figura. La información en el centro, o en su web, no deja claro que ellos son la autodenominada nueva tradición, y que la “antigua” sí sigue al Dalai Lama, ni tampoco explica, por ejemplo, que sus monjes no son reconocidos por otras tradiciones. Tampoco la imagen del espacio blanco y diáfano, aparentemente tan moderno, parecería apuntar a que esta disgregación tiene como origen que la “nueva tradición” es, de hecho, más reaccionaria que la antigua. Y, por lo que parece, se toman su tiempo en explicar estas diferencias y lo hacen a su manera, ya que la voluntaria tenía sobre el tema bastante menos información que yo, y lo que sabía le había llegado porque “justo en la última reunión alguien preguntó sobre eso”.

No quiero entrar en mayores detalles sobre esta tradición en concreto, que ha crecido con mucha fuerza en países como el Reino Unido, ya que con sólo buscar en Google el nombre del maestro seguido de “controversy” se puede encontrar numerosa información ofrecida por antiguos miembros, así como sobre los castillos ingleses que poseen o sobre la supuesta financiación del gobierno chino, que parece haber visto en esta rama escindida una vía para romper la unidad tibetana en torno al Dalai Lama y, sobre todo, socavar su imagen en Occidente.

Tampoco quiero hacer en este post en concreto una reflexión sobre el ‘soft power’ de la meditación y la espiritualidad oriental (aunque la haré algún día, sospecho 🙂 Lo que sí me gustaría es alertar, de alguna manera, a aquellos que se encuentran en un momento de búsqueda personal y que, al no tener referencias, no saben muy bien hacia dónde tirar.

Es frecuente, cuando uno empieza a buscar, y especialmente si siente cierto rechazo hacia el concepto de “religión”, que se vea más atraído hacia corrientes nuevas. Se asocia las tradiciones antiguas a algo desfasado, retrógrado o radical, e incluso se las vincula con grandes fardos históricos, quizá de aplastamiento o conflicto con otras tradiciones. Desde esa visión, parece que prácticas adaptadas y más “modernas” se van a ajustar mejor a nuestro espíritu y necesidades actuales, estarán más limpias y menos contaminadas y comprenderán mejor nuestras inquietudes y manera de ver la vida.

No digo que algunas de estas objeciones no sea cierta. Pero las tradiciones antiguas aportan algo muy valioso también, que no puede ser dejado de lado: ofrecen garantías.

Una tradición antigua que sobrevive a lo largo del tiempo, sin rupturas ni secesiones en lugar de verse asociada a una figura determinada aún viva, nos permite conocer su recorrido y el efecto que ha provocado en sus seguidores. Suele ser más segura y fiable, y es menos probable que caiga en conductas sectarias.

Comenzar una búsqueda espiritual implica cuestionarse y modificar muchas creencias propias, hasta un punto en que, en ocasiones, se puede empezar a pisar terreno no sólido. Y, como ya empezaste a aceptar ideas hasta entonces impensables para ti, ya no sabes dónde quedarte… En un recorrido así, la confianza y la seguridad son imprescindibles.

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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