Siempre positivo, nunca negativo

El otro día, en una comida con varias personas, surgió en la conversación el tema de la importancia del optimismo y de mantener una “actitud positiva” ante las sorpresas y baches de la vida. Y de repente algo dentro se me revolvió y me encontré matizando algo que, en principio, parecería una de esas verdades incuestionables. Por tener, hasta cuenta con su refrán, “al mal tiempo buena cara”. La idea en los últimos tiempos se ha visto reforzada por teorías como la de la atracción positiva.

En el Eneagrama de la personalidad existe un tipo, el número 7, al que se le suele describir como el entusiasta o el optimista. Los 7 buscan tanto la felicidad, la diversión y el bienestar que su defecto radica precisamente en su tendencia a la superficialidad y en la incapacidad para enfrentar y resolver los problemas. Lo habitual es que huyan de ellos en busca de una nueva fuente de diversión.

No cuestiono la importancia de una actitud positiva, o más bien diría constructiva, ante la vida. Pero creo que, si se abusa de ella, o se malinterpreta, también conduce a una actitud evasiva y de irreflexión. A menudo veo que se acude al optimismo como una estrategia para no sufrir, y en consecuencia, no se crece. Pero si hacemos una encuesta informal a nuestro alrededor, veremos que las grandes decisiones, los grandes cambios en nuestras vidas casi siempre tienen su origen en situaciones duras, y ocurren y son posibles porque antes lo pasamos mal. Ese malestar, o ese sufrimiento, es el que hace tambalear nuestras estructuras vitales, nos obliga a replantearnos lo que antes parecía implanteable y luego propicia un cambio. Por eso, la próxima vez que llegue un golpe mal dado, en lugar de buscar el “siempre positivo, nunca negativo”, probablemente lo más adecuado sea aceptarlo, contactar primero con lo que sentimos, en lugar de resistirnos, y después recapacitar. Pasémoslo un poquito mal para luego pasarlo mejor.

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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5 Responses to Siempre positivo, nunca negativo

  1. Cristina Sanchez says:

    Me ha gustado este último…también 😉

    El Jueves 12 de diciembre de 2013 13:05, “Coaching, mindfulness y más” escribió: WordPress.com Débora Altit posted: “El otro día, en una comida con varias personas, surgió en la conversación el tema de la importancia del optimismo y de mantener una “actitud positiva” ante las sorpresas y baches de la vida. Y de repente algo dentro se me revolvió y me encontré matizando “

  2. Bárbara says:

    A mi también me ha gustado. Y he llegado aquí por Cristina. 🙂

    Ahora mismo me encuentro en un momento de esos de sufrir y cambiar, de continuar con lo que había en un pasado o evolucionar. Con sopesar pros y contras.

    Ya no lloro, supongo que porque me voy endureciendo, pero salga lo que salga de este momento de cambios de mi vida, supongo, y espero, que será para mejor. Como bien dices, viendo las cosas desde la realidad, y eligiendo, tras mucho pensar, lo bueno, o lo que creo más conveniente para mi.

    Cambiar el entorno porque evolucionamos.

    Gracias por tu post.

    • ¡Gracias por tu comentario, Bárbara! (y gracias Cristina otra vez! 😉

      Creo que una de las cosas que más ayuda, como digo muy brevemente justo al final, es aceptar el momento en el que se está, en lugar de resistir y pretender que está pasando otra cosa, porque eso genera división interna, y más sufrimiento. En otro post más antiguo hablo de un libro que a mí me gusta mucho y creo que ayuda en los momentos de cambio, “Cuando todo se derrumba”. Si quieres echarle un vistazo, dejo aquí el link al otro post: https://daltitcoaching.wordpress.com/2013/09/19/cuando-todo-se-derrumba/

      También dicen que la tristeza es la emoción “inteligente” porque, ante una pérdida del tipo que sea, es la que nos hace pararnos, pensar y sopesar… Así que en esos momentos es bueno pasar por ese periodo de tristeza e introversión, en lugar de cubrirlo con la falsa alegría de la que hablaba en el post, u (otra cosa muy habitual también) atascarse en el enfado ante la “gran injusticia” que se ha cometido con nosotros.

      ¡Un abrazo!

  3. Pingback: Lástima o empatía | Coaching, mindfulness y más

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