El yoga me aburre

Periódicamente me encuentro con personas que me dicen que no practican yoga (hatha yoga) porque les “aburre”. En una sesión de yoga pasan tantas cosas, tan variadas, y que nos dan tantas pistas de cómo es nuestra vida fuera de la clase, que es algo que siempre me llama la atención escuchar.

¿Qué es exactamente lo que ocurre? En una clase de yoga se aprende a sentir. Esto, para aquellas personas muy alejadas de su cuerpo, que sólo lo sienten cuando les duele, puede llevar tiempo al principio, o incluso, directamente, resultarles desagradable. Tampoco hay por qué alarmarse por ello: socialmente se fomenta no sentir. Pero a la larga pagamos el precio (no sentir es no vivir) y es bueno poner medidas para contrarrestarlo.

Las asanas (las posturas) de hatha yoga buscan, precisamente, ponernos en situaciones incómodas. Es verdad que no era históricamente el origen de las posturas en la India (se las consideraba posiciones “fáciles” que se podían mantener periodos largos, para facilitar la meditación), pero el yoga ha evolucionado rápidamente tras el contacto con los occidentales, mucho más achacosos y físicamente endurecidos que los indios (gran parte de las posturas de yoga que se enseñan en la actualidad se desarrollaron en el siglo XX). Y esto ha permitido explotar nuevas facetas del yoga, como las terapéuticas.

El yoga no sólo nos coloca en situaciones incómodas, sino que además nos obliga a mantenerlas: justamente lo contrario a lo que solemos hacer en la vida. En nuestro mundo, si algo no funciona en una relación, del tipo que sea, la rompemos. Si no estamos a gusto en el trabajo, lo dejamos (bueno, esta opción a día de hoy para muchos es poco viable). Si no podemos dejar aquello que queremos dejar, nos evadimos (con alcohol, con comida… Como dicen en inglés, “you name it”). Con el yoga, no. Si practicas te acostumbras a la incomodidad, y aprendes también, poco a poco, a desarrollar cierta autodisciplina y a vivir la incomodidad sin tensión, aceptándola (esto último, la aceptación, se consigue en mi opinión más fácilmente con las prácticas de yoga que favorecen mantener las posturas periodos de tiempo largo que en aquellas en las que se prima el tránsito rápido de unas posturas a otras).

Mientras tanto, mientras vivimos la incomodidad, van ocurriendo cosas, que nos obligan a conocer y reconocer nuestro cuerpo, lo que sentimos por dentro. Practicamos posturas en las que se nos piden que elevemos los brazos a la vez que bajamos los hombros, o que pongamos más peso en los pies cuando lo que nos sale “natural” es apoyarnos en las manos. O nos dicen que metamos el coxis cuando estamos arqueando la espalda y nos parece que lo haremos mejor con el pompis (me encanta esta palabra) en pompa… Todo ello mientras relajamos los músculos que se están tensando. Con todas estas indicaciones “contradictorias” empezamos a sentir y localizar lo que sentimos en espacios concretos de nuestro cuerpo. Y también aprendemos a respirar profundo, cuando en la vida nos hemos acostumbrado a respiraciones superficiales para sentir y sufrir (eso creemos) menos.

Lo maravilloso es que, aunque no nos enteremos de nada de esto (yo tardé años en empezar a hacerlo), el yoga sigue trabajando por su cuenta. La práctica constante, por sí sola, va desbloqueando nuestro cuerpo y deshaciendo los nudos emocionales/energéticos que se han ido acumulando a lo largo de los años (como decía Wilhem Reich, los síntomas físicos dejan una huella en nuestra mente y nuestras emociones y, viceversa). Yo el yoga no lo veo aburrido, ¡me parece apasionante!

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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5 Responses to El yoga me aburre

  1. moises says:

    hola débora, me gustan tus posts. Creo que en el mundo empresarial deberían is introduciéndose estas disciplinas, estoy convencido de que se harías las cosas mejor dentro y fuera de la organización. Por cierto, conozco un poco el mundo del acro-yoga, muy recomendable también.

    • Hola y muchas gracias por tu comentario, Moisés!

      Yo también creo que cambiarían muchas cosas, y para bien, si en las empresas se hiciera un hueco a prácticas como la meditación o el yoga físico. De hecho, si en las compañías punteras de EEUU ya lo hacen será porque pérdidas, precisamente, no les está dando…

  2. Pingback: Mejor yoga que una de excursión | Coaching, mindfulness y más

  3. Ani says:

    HOla Débora, debo admitir que a mí también me aburre el Yoga, leyendo este artículo me hace comprender mejor el por qué y poner las razones en perspectiva. Ahora ya no puedo esperar a mi sig. práctica de Yoga para empezar a auto disciplinarme. Gracias.

    • ¡Hola, Ani! Muchas gracias por tu comentario! 🙂 Sí, a mí el yoga me volvió más disciplinada, sin duda!! Y también más paciente, porque vi en carne propia que para lograr cambios hacía falta tiempo y constancia… Pero al final llegaban, y resultaba muy gratificante. Practicar yoga de forma regular se termina convirtiendo con el tiempo en una vía de transformación que te permite desarrollar muchas cualidades que quizá antes pensabas que no tenías! Es un entrenamiento para la vida en muchos sentidos 🙂

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