La estación de los pies sucios

Tengo un amigo que llama al verano “la estación de los pies sucios”. La frase no es suya, sino de algún escritor cuyo nombre no recuerda, y si hay alguien que no cae en la cuenta del significado, que pregunte a cualquiera que vea con sandalias. Mi amigo, que va siempre hecho un pincel y es de los que no se quita los zapatos en todo el año, usa la frase con cierta displicencia, porque es de los que piensa que no hay nada más sucio y vulgar que unos pies, especialmente si están llenos de arenilla.

Es curioso este rechazo sistemático a pies propios y ajenos, incluso en los pocos meses del año en que podemos dejar que se muevan libres. Tengo varias amigas que escogen sus sandalias estratégicamente para que sus dedos no asomen, porque no les parecen lo bastante estéticos. Hay personas que detestan tocar los pies de otros, sucios o limpios, incluidos los sus parejas…

Recuerdo, cuando realicé la formación como instructora de yoga, una indicación de nuestro profesor: si en nuestras clases incluíamos posturas en la que los alumnos tuvieran que colaborar y tocarse, debíamos evitar por todos los medios obligarles a tocarse los pies, porque a la mayoría les incomodaba. Ese mismo profesor solía repetir que nuestros pies a menudo son un gran reflejo de nuestra mente: ¿que nuestros dedos están siempre pegados, por más que intentamos abrir la planta y separarlos…? Pues es posible que nuestra visión de la vida sea igual de rígida y cerrada.

Hay una relación estrecha entre nuestra habilidad para sentir el suelo con los pies y nuestra capacidad de estar conectados con la realidad. Cuando, durante la “conquista” española de América se obligó a los indígenas a calzarse, éstos afirmaban sentirse como si les hubieran quitado un sentido, casi como si les hubiera tapado los ojos, o dejado sordos. Gabrielle Roth, la creadora de los 5 ritmos, apoyaba firmemente esta teoría, y consideraba que en nuestros pies residía de alguna manera otro sentido, una inteligencia distinta. De hecho, el primero de los 5 ritmos ideados en su danza, el fluido, se basa precisamente en el movimiento circular desde los pies. Después de danzarlo durante unas horas la sensación corporal cambia. No sólo los pies están más abiertos, el peso más repartido… Además la percepción espacial aumenta, como si, efectivamente, los pies nos contaran no sólo lo que tenemos ante nuestros ojos, sino también lo que hay detrás.

Aunque siempre podemos caminar descalzos en casa, invierno incluido, el verano nos ofrece una gran oportunidad para volver a la naturaleza, quitarnos los zapatos, caminar sobre distintas superficies y descargar la energía acumulada. Así que… ¡disfrutemos estos días de vacaciones y ensuciémonos mucho los pies!

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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