7 maneras en las que la meditación ayuda a ser mejores madres y padres

La práctica constante de la meditación permite construir una relación más saludable con los hijos desde la infancia. Aquí tienes 7 importantes razones:

1) Inmunidad ante las rabietas. Las rabietas y cambios de humor explosivos son frecuentes en los niños. A veces son producto de un enfado, otras del cansancio… A veces es una manipulación clara (aprenden que desquiciar al padre o la madre puede servir para conseguir sus objetivos); otras, una manera de atraer la atención. Cuando los padres están cansados (¿y quién no suele estarlo combinando tantas horas de trabajo y estrés diario con la crianza de un niño?), es normal “saltar” y llegar a reaccionar, en ocasiones, de forma un tanto vergonzosa y no mucho más madura que un niño… Esto también conduce al punto siguiente.

2) Menos discusiones. Entre el padre y los hijos, la madre y los hijos, los padres entre ellos… El resultado es un hogar con un ambiente más sereno, calmado, seguro.

3) Un mejor modelo. Los padres son los primeros modelos de sus hijos, y los niños aprenden de lo que les ven hacer día a día, no de teorías vacías sobre lo que está bien o está mal… Es más, ¿quién no recuerda alguna pequeña (o gran) decepción infantil al descubrir la incoherencia entre lo que nuestros mayores nos decían que era “correcto” y lo que luego ellos hacían? La meditación, además de a serenarnos, contribuye a desarrollar nuestro auto-conocimiento. Poco a poco vamos tomando más conciencia de lo que pensamos, decimos y hacemos. Y esto no sólo reduce y contribuye a modificar los “puntos ciegos” que, al final, copian los hijos, sino que también permite a los padres transmitir a sus hijos sus experiencias acerca de las emociones o los estados mentales, y cómo reaccionar a ellos.

4) Disfrutar el presente. Entre los niños y sus padres a menudo se produce una lucha. La madre o el padre llega cansado del trabajo, dando vueltas a todo lo que se dejó sin terminar en la oficina o pensando en todo lo que aún le queda por hacer antes de poder sentarse y descansar en el sofá… El niño, por su parte, quiere jugar y disfrutar de esas escasas horas que ambos pasan juntos. Meditando aprendemos a estar más presentes en el ahora y los pensamientos sobre el pasado o el futuro se reducen porque descubrimos que, la mayoría de las veces, son innecesarios y perjudiciales. Los padres se alinean con los niños (presentes en el presente y, en esto, mucho más sabios). Como consecuencia de esto, y también del punto 2), llega el punto siguiente…

5) Más felicidad, a corto y largo plazo. Si le preguntas a un adulto qué es lo que le hubiese gustado que hubiese sido distinto en su relación con sus padres cuando era niño, con bastante probabilidad la respuesta será “haber pasado más tiempo juntos”, “que jugaran más conmigo” o “que me hicieran más caso”. Meditar puede aportar más felicidad, para padres e hijos. Para madres y padres porque aprenden a priorizar, y a recordarse cada día qué es lo más valioso en sus vidas. Para el hijo porque disfruta de sus padres.

6) Aceptación. La práctica de la meditación ayuda a desarrollar la capacidad de comprensión y aceptación del otro. No se busca imponer el propio punto de vista, porque entendemos que hay tantos como personas y que incluso nuestro punto de vista no es más que una creación mental que nos limita y aprisiona.

7) Amor incondicional. Meditando padres y madres aprenden a soltar y entienden que su hijo no les pertenece. Su hijo no es “su” hijo, el que los admira, los perpetúa en el tiempo o consigue los éxitos que ellos no alcanzaron, sino otro ser humano al que ellos han traído al mundo. Es un lugar común hablar de lo “incondicional” del amor de los padres hacia los hijos, pero ¿cuántos hijos no han sido educados bajo la presión de “no defraudar” a sus progenitores, o del “haz que me sienta orgulloso de ti (y yo decido qué me hace sentirme orgulloso)”? Si el amor del padre que utiliza esas frases es incondicional, sus palabras no lo parecen.

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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