¿Cuál es la postura adecuada para meditar?

Un querido amigo coach me ha reenviado un artículo introductorio sobre qué es la meditación y cómo meditar. En el artículo hablan brevemente de los beneficios de la meditación en la vida moderna y, al dar las indicaciones sobre cómo meditar, señalan, antes que nada, que hay que sentarse en un cojín con las piernas cruzadas, a poder ser en posición de loto o semi loto. El artículo incluye un dibujito, para que no queden dudas de la postura, la mirada, la posición de las manos… Y al leer el artículo he pensado que el tema, en el que ya he pensado más de una vez, se merecía un post…!

Realmente, la postura con las piernas cruzadas (llamada también de los cinco o de los siete puntos, según cómo hagan el cálculo) tiene una razón de ser. Si se puede mantener, es una posición que permite sentarse manteniendo la estabilidad y teniendo un contacto con la tierra; es lo suficiente cómoda e incómoda como para permanecer en ella pero que el practicante aprecie si se está quedando dormido (algo que ocurre…), y, además, tiene un sentido energético (basta sentarse con las piernas cruzadas y después en una silla y comparar la sensación. Con las piernas cruzadas se produce una apertura de caderas y hombros que sentándonos en una silla no conseguimos, y la espalda también está más recta).

Pero, como decía, si se puede mantener… No podemos olvidar que hay un factor cultural detrás también: para los asiáticos ésa es su postura sedente natural, aunque cada vez se sienten en más lugares en sillas, y por tanto estén perdiendo la flexibilidad y apertura de caderas que antes tenían. Por eso, me llama la atención (y me choca) cuando leo instrucciones sobre cómo meditar dirigidas a principiantes que se insista tanto en este tema de sentarse con las piernas cruzadas (¡o en loto o semi-loto! Yo llevo años practicando yoga, y soy bastante flexible, y en loto no aguanto más que un par de minutos y con dolor). Son mensajes que, en lugar de facilitar la práctica y animar a la gente a meditar, consiguen todo lo contrario. Si ya hasta sentarse resulta complicado, apaga y vámonos, porque ya lo que viene después, ni te cuento…

Creo que buena parte de esta insistencia radica en que el Budismo Zen haya tenido tanta influencia en Occidente. Recuerdo un taller de fin de semana de sumi-e (pintura japonesa) al que asistí un fin de semana en un monasterio Zen, en el que también había una parte de meditación. Uno de las personas que se había apuntado al curso no podía sentarse en el zafu (el cojín) y le dijeron que, entonces, tenía que quedarse con su silla fuera del templito. El hombre obedeció las indicaciones pero se sintió excluido y al día siguiente se marchó. A mí, acostumbrada a los tibetanos, a los que si les dices “no aguanto sentado así” te responden “pues cógete una silla”, también me sorprendió la orden.

No quiero que esto me deje como la anti-Zen ni muchísimo menos, de hecho encuentro los textos de maestros japoneses, desde los haikus hasta escritos más extensos, profundamente inspiradores. Pero considero que, del mismo modo que los asiáticos cruzan las piernas para sentarse, y nosotros no y es puramente cultural, también ese énfasis en la postura perfecta como la vía hacia la correcta meditación está asociado a una cultura muy concreta, donde la disciplina casi militar tiene un gran valor. También, quizá por el recuerdo de aquel taller de pintura japonesa, siento como si hubiese un paralelismo entre la manera de abordar la meditación y la escritura. Y así, del mismo modo que en China o en Japón la escritura no es sólo escritura, es decir, un medio para comunicarse, y se convierte en caligrafía, una expresión artística y hasta una forma de estar en el mundo, en la meditación Zen el caparazón del mensaje (la postura) se convierte también en la esencia. Es decir, forma y contenido se funden. Algo bello y (para nosotros) paradójico también.

Dicho esto, quiero añadir que la meditación es un entrenamiento para la vida, y que al final lo importante es que los frutos de la práctica se muestren fuera de esos minutos en los que nos sentamos a meditar; si no, no está funcionando. Es decir, el objetivo final no es mantenerse muy tieso mientras alcanzamos ese estado de atención plena, sino vivir en ese estado el mayor tiempo posible, ya sea en el recorrido de casa al trabajo, mientras comemos o cuando tendemos la ropa.

Y bueno, dicho todo eso, ¿qué postura recomiendo yo para empezar a meditar? Pues, sencillamente, sentado en una silla en la que se esté cómodo, con los pies bien apoyados en el suelo y la espalda recta (para ello a veces es mejor no apoyarse en el respaldo). Para enderezar la espalda resulta efectivo imaginar que desde la coronilla nos sale una especie de hilo (o un rayo de luz) y alguien tira de él suavemente, en dirección al techo. Eso hará que estiremos la columna, elevemos la cabeza y permitamos que se separen las vértebras. En cuanto a las manos, a mí me gusta la sensación de dejarlas sobre los muslos con las palmas hacia arriba, en actitud de apertura y de recibir.

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About Débora Altit

Periodista con más de diez años de experiencia en Periodismo y Comunicación, buena parte de ellos en China. Profesora de yoga, yogaterapia y meditación. Coach y practitioner de PNL. Con formación en Proceso Corporal Integrativo (PCI), Bioenergética, Biodanza... Interesada en el desarrollo personal a través del trabajo integrado de cuerpo y mente.
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