Tendencia a desconectarnos

Nuestros cuerpos, la manera en que nos relacionamos con ellos, dan muchísima información de nosotros mismos, de nuestro carácter, de nuestras tendencias, de nuestras inquietudes. A veces pienso que si la gente fuera consciente de cuánto se ve de ellos en una clase de yoga (donde dice yoga podría también decir movimiento expresivo) no se atreverían a acudir a clase, pero a la vez creo (o quiero creer) que los profesores que hemos dedicado tiempo a observar no solemos ser malas personas y que la gente puede quedarse tranquila, que sus secretos están a buen recaudo.

Me dan rachas de fijarme en unas cosas u otras. Y últimamente me fijo en nuestra tendencia a desconectarnos, a no poder sostener el hecho de estar presentes. Es sorprendente, enigmático, que nos cueste tanto eso de simplemente “estar”.  Asumo que es un hábito adquirido de muy niños, cuando hubo momentos de sufrimiento intolerable que obligaron a hacer pequeñas o grandes desconexiones psíquicas o emocionales, que permanecen.

En clase lo veo en personas con partes del cuerpo que no pueden estar. Personas que hacen una postura siguiendo todas las instrucciones salvo algún detalle, y que aunque se les corrija (un día, y otro día, y otro) unos segundos más tarde vuelven a desconectarse. A veces son detalles “pequeños” pero reincidentes: una mano, un codo… Otras (muy frecuentes), el cuello y la cabeza van por un lado y el resto del cuerpo por otro, y si se supone que la idea es erguir el cuello lo dejan colgando, mientras que si la indicación es relajarlo lo dejan recto como un palo… Son “despistes” que, seguramente, para alguien ajeno a los mensajes del cuerpo resultarían anecdóticas y más bien irrelevantes. Y son, sin embargo las claves que quienes hemos ido aprendiendo a leer nos van desvelando las historias del otro.

El trabajo corporal consciente busca generar esas conexiones, rehacer esas carreteras emocionales cortadas o directamente construir desde cero esos caminos que nunca se iniciaron. Crea las conexiones neuromusculares, y con ello creo que también nos ayuda a reconquistar nuevos caminos internos, más significativos y profundos. A mí me ha funcionado y por ello creo tan apasionadamente en él.

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Meditación de invierno

En estos días en que comenzamos a zambullirnos en el invierno, y en los que, a la vez, nos sacuden los excesos de las Navidades, resulta fácil perderse a uno mismo en el camino de las celebraciones y desconectar de la invocación que la Naturaleza nos hace, la llamada al recogimiento y la calma.

arbolsinhojasYa no sufrimos de hambrunas invernales: disfrutamos de supermercados abiertos y repletos de ofertas los 365 días del año. Ni siquiera sufrimos fríos mortales (para eso hay calefacción), ni largas y oscuras noches (ahí está la electricidad). Sin embargo la Naturaleza tiene un tempo, y aunque no seamos conscientes de ello, ni queramos serlo, nuestro cuerpo y nuestro inconsciente bailan a su ritmo. Es normal querer parar o dormir más en estas fechas. No hay nada malo en querer recogerse más, o en decir “no” más a menudos a las propuestas de planes. Son ciclos. Y los problemas que salen más caros a largo plazo derivan de nos escucharnos.

Para estas fechas, en las que el trajín externo es tan intenso que resulta fácil desconectarse de uno mismo, propongo hacer una meditación sencilla, que se puede repetir varios días, antes y después del fin de año, como una especie de “ensayo” y a la que podemos dedicarle un “momento de honor”, haciéndola más extensa, entre los días 31 y 1.

Consistiría simplemente en sentarnos y dedicarnos a percibir nuestra respiración. Inhalando, exhalando, y dejando que la respiración fuese lo más libre posible. Y mientras hacemos esto, tener presente que nuestra respiración es la metáfora más nuestra, más cercana, de los ciclos que constituyen la vida. La inhalación en la que tomamos del exterior, y nos nutrimos. La exhalación en la que devolvemos al exterior, y nos deshacemos de lo que no necesitamos. Tomamos, y damos. Nos nutrimos, excretamos. Somos activos y nos comemos la vida, somos pasivos y nos abandonamos.

Y mientras seguimos así, notando que somos vida precisamente porque ambos aspectos están representados dentro de nosotros, podemos comenzar a hacer, poco a poco, exhalaciones más largas. De manera gradual, para que sea algo fácil, cómodo. Relajado. Y haciéndolo así llega un momento en que también, de manera casi natural, resultará sencillo quedarnos sin aire unos momentos e introducir una retención a pulmón a vacío.

Si la respiración fuera una metáfora de las estaciones del año, para mí la exhalación es como el otoño, y la retención a pulmón vacío es el invierno. Es la parte más cruda, es quedarse en lo mínimo, llegar al esqueleto de uno mismo, igual que los árboles sin hojas. Algo que asusta un poco, parece que de ahí a desaparecer hay un paso. Pero entonces llega la inhalación, y entra más fácil, y de forma fluida se hace más sitio.

Así que podemos estar alargando las exhalaciones durante un rato, el que queramos, visualizando aquello de lo que queremos desprendernos porque empieza a pesarnos, o aquello con lo que hemos cargado y ahora vemos que en realidad no es nuestro. O sucesos del año, que nos han impactado. Podemos adjudicarles un contenido concreto si vamos a practicar durante un rato largo o simplemente imaginarlo como un humo o un vapor gris que sale de nuestras fosas nasales, o como un líquido viscoso que emana de nuestros poros.

Cuando lo sintamos, dejando a una lado las prisas, añadiremos las retenciones a pulmón vacío.

Si nos dedicamos el tiempo suficiente para hacer esta práctica, yo añadiría que las últimas respiraciones se enfocaran en inhalar más largo (soltando las retenciones a pulmón vacío, y las exhalaciones largas). Si la respiración fuera una metáfora de las estaciones del año, para mí la inhalación sería como la primavera, y la retención a pulmón lleno como un verano, en el que se saca el máximo partido del oxígeno del aire que respiramos. En cada estación está la semilla de la siguiente, y aunque ahora estemos entrando en el invierno, a la vez los días comienzan a ser más largos, como anunciando la futura primavera. Así que terminaría con este recuerdo, con unas últimas inhalaciones largas, y algunas retenciones a pulmón lleno, para no perder de vista la escena total, el ciclo que busca autocompletarse.

¡Espero que os sirva! Buenas fiestas para todos 🙂

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