Intuición o boicot

¿Por qué las intuiciones son tan valoradas, tan deseadas? Creo que, además de por la sensación de conexión interna que nos producen, también porque probablemente todos tenemos la experiencia de no haberlas escuchado, haber actuado al margen de su mensaje y haber pagado después las consecuencias.

cerebrocorazonLas sensaciones nos hacen estar presentes, son el salvavidas que nos saca de la continua locura de juicios, o proyecciones hacia el pasado o el futuro de los pensamientos… Y son la llave hacia la intuición, las que nos permiten reconectarnos con nuestras necesidades más esenciales, en lugar de estar volcados a los estándares externos… Mi experiencia me muestra que la mayoría de las personas pueden escuchar sus intuiciones y acceder a su sabiduría interna de manera relativamente fácil, si no solos sí cuando alguien les guía y acompaña. Basta con sentarse, generar un grado suficiente de relajación y pararse a escuchar, sosteniendo el momento, para dar con las respuestas. O ésa es la teoría.

Porque cuando el boicot, que también está compuesto de multitud de sensaciones, entra en acción, puede generar una desconfianza hacia el propio cuerpo enorme, y lo que es seguro es que no dejará espacio a la intuición (esto no lo digo yo, hay un estudio específico sobre el tema). El cuerpo también se equivoca, y a veces nos da señales de retirada cuando deberíamos quedarnos. ¿Qué diferencia hay entre una intuición, que es una guía interna positiva, una llamada corporal que hemos de escuchar, y un boicot, una guía interna negativa, un freno que nos impide avanzar?

Lo primero de todo: ¿cómo definir una intuición? Para mí es una sensación (es decir, es física) que viene impregnada de un mensaje de “verdad”. Es como si se produjera en nuestro interior una especie de “ajá”, de eureka, de “ah, era esto”. Como si dentro de nuestro cuerpo alguien estuviera haciendo un puzzle y acabara de encajarse la última pieza. No es un conocimiento racional ni lineal y mezcla experiencias presentes y pasadas de la persona con sus gustos y deseos más esenciales.

No es algo que esté ocurriendo constantemente en nuestras vidas. Pero cuando se da produce una sensación de liberación interna, físicamente expansiva. Esto es importante a la hora de diferenciarla de un boicot, la sensación expansiva. Puede ocurrir en cualquier momento y, aunque la “revelación” que nos llega no tiene por qué traer a nuestra vida una implicación positiva directa (puede ser, por ejemplo, rechazar una oferta de trabajo aparentemente muy atractiva) algo dentro de nosotros siente bienestar al conectar con esa respuesta.

¿Qué es el boicot? Creo que si cambiáramos la palabra boicot por la palabra “ego” no habría prácticamente ninguna diferencia. Tampoco si la sustituyéramos por la palabra “ansiedad”. El boicot no produce bienestar sino malestar, no produce expansión sino contracción, y aunque es físico también es muy cerebral y viene acompañado de mucha verborrea interna, con montones de razones y argumentos lógicos a favor y proyecciones a futuro. Implica juicios, análisis y lo que hay detrás es un instinto de supervivencia: busca protegernos de amenazas, ya sean reales o (sobre todo) imaginarias.

Un medio para reconocer que lo que estoy sintiendo es un boicot es tirar de pasado y recordar si en un contexto similar al actual he vivido alguna situación parecida anteriormente. Por poner un ejemplo sencillo, si cada vez que me subo a un avión empiezo a sentir ganas de huir y tengo la “intuición” de que se va a estrellar (y obviamente esto no ha ocurrido…) parece evidente que de intuición tiene poco y que lo que oculta es ansiedad y nos está limitando. Cada uno tenemos nuestros propios ámbitos en los que nos limitamos: puede ser los aviones, las relaciones de pareja, las laborales… O todas a la vez.

Si queremos profundizar un poco más en lo que nos ocurre, sería interesante también hacer un listado sobre nuestros miedos y ver qué relación hay entre éstos y nuestras falsas intuiciones, para detectar el patrón y quitarle peso la próxima vez que se active. También puede ayudar, para ir despertándonos a la voz de la intuición, practicar haciéndonos preguntas que haya que responder con un sí o un no (mejor empezar con temas fáciles y de poco calado antes de meternos en los temas que nos inquietan).

Para mí, la clave es la velocidad y las formas. La intuición corre más, es la que llega primero cuando te haces la pregunta, pero es más suave y habla flojito, por lo que es fácil que pase inadvertida. El boicot va justo por detrás, como una sombra que dice “pero”; se oye más porque es mucho más gritón y dominante, y es fácil que acalle el mensaje que la intuición trajo justo antes.

Hay dos impulsos básicos que nos definen como seres vivos: expansión y contracción, o conexión y retirada. Traducidos en términos emocionales los llamaríamos amor y miedo. ¿Adivinas con qué conecta la intuición, y con cuál el boicot?

Advertisements
Posted in Uncategorized | Leave a comment

Una madre suficientemente buena

people-2566854_1280.jpgUna “madre suficientemente buena”. La frase la acuñó el británico Donald Woods Winnicott (1896-1971), pediatra, psiquiatra y psicoanalista. Con ella describía al tipo de madre que es capaz de adaptarse a las necesidades del hijo y que, aunque puede cometer fallos ocasionalmente, como tardar un poco más de la cuenta en responder a la demanda del pequeño, o no entender a veces lo que su hijo está intentando transmitirle, no por ello, en conjunto, deja de ofrecer un sostén saludable para el desarrollo del niño. Es más, incluso esos fallos, si son puntuales, tienen su aspecto positivo, porque van enseñando al pequeño a aprender a tolerar la frustración, sabiendo como sabe, por la experiencia de tantas otras veces que, al final, su madre estará ahí.

El tema de cómo la diada madre-hijo nos influye durante el resto de nuestras vidas es apasionante, pero para mí la frase de Winnicott ha trascendido este terreno y ha pasado a tener muchas más implicaciones. Para mí esta frase se ha convertido en una especie de mantra en muchos momentos, una loa al valor de la imperfección.

A menudo me encuentro con personas (y a mí también me ha ocurrido) con tal deseo de hacer las cosas perfectas, y con tantas ganas de dar lo mejor de sí, que al final entran en una autocrítica paralizante. Terminan dando vueltas durante meses a tareas que podían haberse resuelto como máximo en un par de semanas. Van y vuelven al proyecto en cuestión y a menudo terminan dejándolo inacabado. Frecuentemente son personas con un gran potencial… Que al final se queda en casi nada.

Y aquí es donde, para mí, reside el poder mágico de la frase. Para que las cosas salgan bien, como con las madres de Winnicott, no hace falta ser excepcional. Basta con hacer lo que humanamente podemos, y con saber reparar cuando hemos metido la pata.

Como humanos somos seres imperfectos, y es esa misma imperfección la que dota nuestras decisiones de vida, de movimiento. Las madres “perfectas”, que están siempre cuando se las necesita, terminan generando hijos poco preparados para las vicisitudes de la vida, donde, como todos sabemos, los “bajos” suelen ser mucho más habituales que los “altos”.

Yo, cuando me encuentro queriendo hacer las cosas “perfectas” y entro en barrena, me repito las palabras mágicas de Winnicott y noto que algo dentro de mí respira, se relaja y me dice “está bien, ¡adelante!”.

Posted in Uncategorized | Leave a comment